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El paradigma clínico en el Trabajo Social: más allá de la gestión, la intervención terapéutica
y su deslinde de la Psicología 393
Vol. 16(2) mayo - agosto 2026/ 384 - 394
el sistema familiar se enfrente a sus desafíos como una unidad resiliente, logrando que el éxito te-
rapéutico no dependa de la voluntad aislada del sujeto, sino de la salud renovada de sus vínculos.
Los datos son contundentes: cuando se establecen límites claros, se restauran las jerarquías y se
aborda la precariedad social simultáneamente, la sintomatología clínica del individuo remite por
añadidura. El TSC se posiciona así no solo como un aliado de la salud mental, sino como la disci-
plina líder en la reparación de sistemas humanos en contextos de crisis. Es, en definitiva, el pasaje
de una ‘clínica del trastorno’ a una ‘clínica de la funcionalidad social y la justicia relacional’.
Por tanto, la contundencia de este artículo radica en la desmitificación del intrusismo pro-
fesional. Se ha demostrado que el deslinde no es una cuestión de capacidad técnica, sino de foco
ontológico: el psicólogo trata el síntoma en el individuo; el trabajador social clínico trata la di-
námica relacional y la injusticia social que sostiene, exacerba o produce dicho síntoma. En este
sentido, el TSC subvierte la “microfísica del poder” descrita por Foucault al rechazar la etiqueta
psiquiátrica estática y apostar por una cartografía de resistencias basada en el sujeto-en-situación.
En el contexto de la Emergencia Humanitaria Compleja en Venezuela, esta distinción se
vuelve vital. El TSC trasciende el rol de “gestor de carencias” para convertirse en un clínico de
la resistencia, capaz de reparar simbólicamente el tejido social desgarrado por la migración y la
anomia. Es, en esencia, una clínica de la liberación que devuelve al sujeto su lugar como prota-
gonista de su propia historia y agente de cambio social, integrando la salud mental con la justicia
social relacional.
Recomendaciones para el debate y la praxis profesional
Para consolidar el paradigma clínico del Trabajo Social y fortalecer el trabajo interdiscipli-
nario sin caer en el intrusismo, se proponen las siguientes líneas de acción:
• Fortalecimiento A académico y curricular: es imperativo que las universidades nacionales
e internacionales refuercen la formación técnica en modelos psicoterapéuticos específicos
(narrativo, sistémico, centrado en soluciones) para asegurar que la praxis del TSC esté cientí-
ficamente sustentada y no sea solo un ejercicio empírico.
• Protocolos de derivación interdisciplinaria: establecer marcos operativos en equipos de
salud mental que reconozcan el Diagnóstico Social-Terapéutico como un proceso autónomo
y complementario al diagnóstico psicológico, permitiendo abordajes integrales donde cada
disciplina actúe sobre su foco de primacía (intrapsíquico vs. relacional-contextual).
• Blindaje y resignificación legal: promover la divulgación y defensa de la Ley de Ejercicio del
Trabajo Social como el escudo que garantiza la autonomía técnica para realizar diagnósticos
y tratamientos clínicos, despojando a la disciplina de la visión puramente administrativa o
asistencialista.
• Investigación en contextos de crisis: fomentar la producción intelectual que documente las
intervenciones clínicas del Trabajo Social en entornos de vulnerabilidad extrema, validando
modelos de “clínica en la calle” que respondan a las realidades de la región.
• Ética de la agencia y la dignidad: mantener la intervención clínica como un proceso de
empoderamiento y protección de los Derechos Humanos, donde la meta final no sea la nor-
malización de la conducta, sino la conquista de la Justicia Social Relacional.